La protesta social es la más
clara manifestación del descontento social, sin embargo tenemos que analizar
los objetivos y alcances de dichas protestas. Veamos.
Los
acontecimientos recientes en la lucha social mexicana nos permite apreciar que
los focos de lucha social que buscan defender el paupérrimo nivel de vida (educación,
trabajo, salud, etc.) y no transformar el SISTEMA que es la causa de
la decadencia social, advierten y
posicionan a la clase opresora, recrudeciendo la violencia contra todo aquel
que se manifieste por la vía que sea.
El
movimiento yo soy 132 es el más claro ejemplo de ello, un movimiento que fungió
como amortiguador ante la posible aparición de un movimiento apto para la
guerra de clases, sin embargo el freno no se dio del todo. Como era de
esperarse los grupos más dispuestos a la lucha, rompieron con los métodos pacifistas
que alentaba el 132 y subieron de tono las manifestaciones.
Para
el 1ro de Diciembre el estado ya estaba advertido y dispuesto a todo. Por un
lado balas de goma y granadas de gas pimienta y por el otro, con cierta
ingenuidad, piedras, palos y unas cuantas molotovs. Después del enfrentamiento
el reposicionamiento de la derecha no se hizo esperar, desacreditando ante la
sociedad todos los hechos ocurridos aquel día.
La iniciativa
Anticapuchas y el Protocolo de Actuación Policial de la Secretaria de
Seguridad Pública del Distrito Federal
para el Control de Multitudes, son una prueba más de cómo el Estado, defensor
de la clase opresora, se ha ido preparando para disolver cualquier organización
popular que pueda atentar contra su estabilidad.
Todos
aquellos actos como tomas de casetas o escuelas, bloqueos, enfrentamientos,
todo por mínimo que sea pone en guardia al
opresor, mientras ellos se fortalecen nosotros nos desgastamos un poco
cada vez. De ninguna manera se censuran estos actos por el contrario se apoyan,
sin embargo tenemos que tener bien claro que estas acciones solo nos permiten
victorias pasajeras.
El
valor de cada individuo y como colectividad ha quedado mostrado en cada acción,
por qué no tomar ese valor para acciones más grandes que nos permitan una transformación
real de nuestra realidad.
Sólo
conozco dos razones por las que alguien se negaría a luchar para mejorar esta
sociedad, una es miedo a la muerte y la otra miedo a la libertad. La primera es
nuestro trágico destino, la segunda nuestro problema.
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