Fin de Semana de PUMAS_AMÉRICA. La violencia no es negocio. .
Se es bien conocido
que el futbol es el deporte de más apego en la sociedad mexicana, así como el
que cuenta con una mayor cantidad de aficionados, desde niños hasta adultos.
Bien podemos rastrear este fenómeno desde dos puntos: el apego desde el juego
en el barrio, con los amigos y el que se genera con toda la mercadotecnia de la
industria televisiva, principalmente.
La reta con otra
colonia o entre amigos, los torneos amateur suelen generar mucha euforia, la
pasión por no perder, dar todo cuando el balón esta cerca, la gambeta que puede
ir seguido de una burla por la humillación recibida. En estos casos las
afrentas se suelen disipar directamente entre los involucrados: él que atrevido
y el humillado o el conjunto de ganadores y perdedores. Claro que los
espectadores también entran a salvar el orgullo ofendido.

Clamar salvar el orgullo resulta de lo más natural, lo mismo que una tribu, una escuela o un equipo de fútbol profesional. La diferencia en este último caso puede verse en la cantidad de gente que tiene que escoger entre los equipos, mucha gente pocos equipos. Mucho de todo para los equipos que “pelean” por tener más seguidores. Empresas que impulsan imagen de los clubs, jugadores, colores, espacios, todo esto con un descaro que sólo les dé a ganar más dinero, pues más afición es más ganancia para ellos, pero ante esto hay un fantasma que puede reducir sus ingresos; es la violencia de las barras bravas.

Las reglas de cómo vivir esta
pasión están bien puntualizadas, es por lo mismo que hacen firmar acuerdos de
no agresión a los líderes de barras ante la jerarquía policial, que como
siempre va a cuidar los intereses del capitalista, así los de las televisoras, de
las cerveceras, de ropa deportiva; todos los empresarios juegan con este amor
que nace en el barrio y mediante un sistema de explotación emotiva termina con
sus bolsas que se llenan más.
La violencia en los estadios es
por una ofensa previa: un trapo robado, una derrota en casa, una pelea previa
en un Estado visitante un abuso policial, sobre precios en los boletos para los barristas.
El empresario feliz y el
aficionado como robot, sólo obediente. Pero como individuos les decimos que no aceptamos
sus condiciones utilitaristas, no somos meros consumidores, ya
no.
Cronopio de muy abajo.
Cronopio de muy abajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario